¿Funciona la aerotermia con radiadores?


Aerotermia y fotovoltaica: una combinación estratégica
Y aquí es donde entra en juego una de las combinaciones más interesantes a nivel energético: la aerotermia junto con el autoconsumo fotovoltaico.
Al tratarse de un sistema eléctrico, la aerotermia puede alimentarse parcialmente con la energía generada por paneles solares. Esto permite cubrir una parte significativa del consumo con energía propia, reduciendo aún más la factura energética y aumentando la independencia frente al mercado.
En la práctica, esta hibridación permite dar un paso más allá: no solo se sustituye el gas o el gasóleo, sino que se avanza hacia un modelo energético mucho más eficiente, predecible y sostenible.
¿Qué hay que tener en cuenta en cada vivienda?
Volviendo al uso con radiadores, es importante entender que cada vivienda es diferente. Aunque la tecnología actual permite trabajar a altas temperaturas, el rendimiento siempre será mejor cuanto menor sea la demanda energética.
Por eso, factores como el aislamiento o el tamaño de los radiadores siguen siendo importantes. Aun así, la gran diferencia respecto a hace unos años es clara: la aerotermia ya no obliga a replantear toda la instalación.
En muchos casos, es posible mantener los radiadores existentes, realizar pequeños ajustes si es necesario y empezar a beneficiarse de un sistema más eficiente y limpio.
Una solución alineada con el futuro energético
En definitiva, la aerotermia con radiadores ha pasado de ser una solución limitada a convertirse en una opción real y cada vez más atractiva. No solo por el ahorro, sino por lo que representa: un paso firme hacia la electrificación, la reducción de emisiones y la independencia energética.
En Aonerix analizamos cada caso con un enfoque global, teniendo en cuenta tanto la instalación existente como las oportunidades de mejora, para diseñar soluciones que integren aerotermia, autoconsumo y gestión inteligente de la energía, ayudando a nuestros clientes a reducir costes y anticiparse a un modelo energético que ya está en marcha.
Un cambio necesario en el modelo energético
En un contexto energético cada vez más incierto, donde los precios del gas y el gasóleo están condicionados por factores externos como conflictos internacionales o tensiones en los mercados, cada vez más viviendas y empresas se plantean una pregunta clave: ¿cómo reducir la dependencia de los combustibles fósiles y ahorrar en la factura sin renunciar al confort?
En este escenario, la aerotermia se posiciona como una de las soluciones más sólidas. Y lo más relevante es que, gracias a la evolución tecnológica, ya no es imprescindible cambiar los radiadores para dar el salto.
De la limitación técnica a una oportunidad real
Tradicionalmente, uno de los principales argumentos en contra de la aerotermia con radiadores era la temperatura de trabajo. Los sistemas convencionales necesitaban agua a 60 o 70 grados, mientras que las bombas de calor funcionaban de forma más eficiente a temperaturas más bajas. El miedo a que se pierda confort en la vivienda es una duda muy extendida.
Sin embargo, este escenario ha cambiado de forma significativa con la aparición de equipos que utilizan refrigerantes como el R-290 (propano). Esta tecnología permite impulsar agua a temperaturas de hasta 70–75 °C, lo que abre la puerta a utilizar radiadores tradicionales sin necesidad de grandes reformas.
Esto supone un cambio importante: ahora es posible electrificar el sistema de calefacción manteniendo gran parte de la instalación existente, eliminando la dependencia directa del gas o el gasóleo.
Eficiencia y estabilidad frente a la volatilidad del gas
Más allá de la compatibilidad técnica, el verdadero valor de la aerotermia está en su eficiencia. A diferencia de una caldera, que genera calor a partir de la combustión, la aerotermia aprovecha la energía del aire exterior, lo que le permite multiplicar la energía útil generada respecto a la electricidad consumida.
En términos prácticos, esto se traduce en un consumo mucho menor para obtener el mismo nivel de confort.
Pero hay otro factor que cada vez cobra más relevancia: la estabilidad. Mientras que los combustibles fósiles están sujetos a una alta volatilidad de precios, como se ha visto en los últimos tiempos con las crisis energéticas derivadas de conflictos geopolíticos, la electrificación permite reducir la exposición a esas fluctuaciones.





